Crece la demanda de universitarios y la oferta de entidades financieras de préstamos para la realización de postgrados y otros cursos de formación.
El pago de la matrícula de unos estudios universitarios, de un máster o de todo el material escolar imprescindible para comenzar el curso ser un gasto añadido difícil de encajar en la economía familiar. En los últimos años, las entidades bancarias han tomado nota de estas carencias y han comenzado a preparar productos especializados para financiar las necesidades de los estudiantes. Son los llamados créditos para estudios. Desde su inicio en los años 90, las solicitudes se han incrementado a un ritmo de un 10% anual.
Bancos y cajas de ahorros aprovechan la mayor acogida de los préstamos personales en el ámbito familiar y, también, el mayor acercamiento de los clientes más jóvenes hacia las entidades. Sólo en los primeros cuatro meses del año, la contratación de créditos al consumo creció un 26% en tasa interanual, hasta superar los 581.650 millones de euros, según datos de la Asociación Española de Banca. En concreto, los préstamos para financiar estudios están ganando interés dado el aumento de solicitudes de estudios de postgrado que se ha producido en los últimos años. Según la consultora TopMBA, un 61% de los postgrados se financia con préstamos personales específicos para estudios.
¿Qué financian los préstamos de estudios?
Las entidades abarcan con su gama crediticia todas las necesidades que puedan afrontarse al inicio de un nuevo curso. No obstante, los préstamos que más éxito tienen en estos momentos son los que financian postgrados o másters. Este hecho se vincula con el mayor número de universitarios que completan su formación con este tipo de estudios superiores. Desde el año 2001, sus tasas de crecimiento anuales rondan el 20%. Por lo general, las entidades no hacen distinciones y financian igualmente estudios tanto en centros públicos como privados.
Los bancos y cajas de ahorro amplían y mejoran año tras año las condiciones de estos préstamos. El mayor interés de las entidades por comercializar este tipo de productos está claramente relacionado con los cambios en los hábitos sociales que se vienen produciendo en los últimos años. Las familias tienen una mayor predisposición a contratar un préstamo para hacer frente a gastos personales, más aún cuando se trata de algo tan importante como es la educación de los hijos.
¿En qué conviene fijarse cuando se contrata un préstamo para financiar estudios?
Si se desea contratar uno de estos préstamos, el primer requisito que conviene analizar es el tipo de interés que aplicará la entidad. Hasta hace unos años, estos créditos presentaban tipos de interés fijos. No obstante, ahora la tendencia se decanta más a los tipos de intereses variables. En la actualidad, se pueden encontrar préstamos para financiar estudios de postgrado a intereses referenciados al euríbor más un diferencial de un punto. Puesto que el euríbor a 12 meses se sitúa en el 3,4% (a cierre de junio), el tipo de interés total quedaría situado en torno al 4,4%. Se trata de un interés competitivo, bastante más bajo que el que aplican los préstamos al consumo para financiar otro tipo de bienes (en torno al 7% de media). En cualquier caso, los intereses varían notablemente de unas entidades a otras, por lo que conviene consultar particularmente cada producto. De media, este tipo de préstamos pueden presentar un tipo de interés próximo al 5,5%.
Otro aspecto que hay que tener en cuenta es el máximo que permiten financiar. La mayoría de las entidades cubre hasta el 100% del valor de la matrícula del curso de estudio en cuestión. Otras imponen máximos que van desde los 1.500 euros (en créditos para material escolar), hasta 60.000 euros (para másters, tesis doctorales o proyectos de investigación).
Plazos de carencia y comisiones
Igualmente, las entidades presentan plazos de amortización de los créditos ligados a la duración del curso (de 1 hasta 10 años). No obstante, otra de las novedades que han comenzado a introducir son los denominados periodos de carencia, es decir, plazos de tiempo en los que las entidades permiten sólo pagar intereses y no capital, con lo que las cuotas mensuales en ese plazo pueden ser hasta un 60% más bajas. Estos plazos de carencia suelen ir de uno a seis años, aunque no los ofrecen todas las entidades.
Las comisiones son otro de los aspectos que hay que tener presente. El interesado debe saber que las entidades operan con libertad, por lo que se pueden encontrar ejemplos de bancos o cajas que sí aplican comisión de apertura y otras que no lo hacen. En los que sí hay, la comisión se sitúa entre el 0,5 y el 2% sobre el importe máximo a financiar. Además, es habitual encontrar comisiones por cancelación anticipada o total del producto. Su cuantía va del 0,5 al 1,5%. Por lo tanto, antes de contratar un préstamo de este tipo, conviene hacer un cálculo para compensar la idoneidad de suscribir un producto con un interés bajo pero con comisiones, o viceversa.
Requisitos solicitados
Las condiciones más habituales para solicitar un préstamo de este tipo son tener una cuenta corriente abierta, domiciliar una nómina (del joven o de su padre, madre o tutor) o contratar una tarjeta. También exigen documentación sobre el curso que se desee financiar: datos de tasas de matrícula, duración del curso y tipo de estudios. Además, el solicitante debe situarse entre una determinada franja de edad (por lo general, entre los 18 y los 35 años). En ocasiones, en especial en algunas cajas de ahorros, exigen también que el estudiante realice el curso en su comunidad autónoma o que esté asociado a alguna institución educativa.
Más información:
Revista consumer.es - EROSKI |