Cada día son más las empresas que deciden invertir en el mercado bursátil para, ya no sólo ganar beneficios, sino también notoriedad. Esta es una estrategia común en todas aquellas que persiguen posicionarse entre las primeras del país al que pertenecen y, además, de cara al exterior. En este mismo sentido, las empresas tienden cada vez más a mirar al exterior como modo de consagrarse como una de las más importantes en su sector. Y esta tendencia es el común denominador en todas aquéllas que han logrado alcanzar los primeros puestos en cuanto a su competencia.
Asimismo, la Bolsa, como actividad financiera, es un mercado donde los particulares ahorradores pueden depositar su confianza invirtiendo y comprando valores de la compañía que más se ajuste a sus expectativas económicas. Estas expectativas económicas se rigen en torno a tres conceptos clave: rentabilidad, seguridad y liquidez.
En el mundo globalizado en que nos hallamos, cualquier alteración en Bolsa supone un trastorno, ya positivo o negativo, en el contexto económico nacional-internacional. Las posibles y casi seguras consecuencias que se pudieran derivar, no sólo económicas sino de diversa índole las hemos podido lamentar en más de una ocasión como en el consabido Crack del 29 y en la última crisis mundial.
La Bolsa es, en definitiva, el termómetro de la economía de un país, susceptible a cualquier cambio. De ella depende en gran medida la estabilidad de una nación y el futuro de esta. En España, uno de los indicadores más determinantes para evaluar la economía del país es el Ibex 35, que agrupa a las 35 empresas con más liquidez del momento c considerándose así la referencia de la evolución del mercado español.